Me siento una perla ... un maniquí.
Caminado sin parar, “el
junior” buscaba a su amada Carolina en las calles oscuras y
viciosas de la ciudad.
Carolina, es el nombre
artístico del travesti mas popular de la localidad, luciendo una
larga cabellera negra y sus labios pintados color carmín; al son de
Carlos Santana: “oye como va, mi ritmo”, caminaba sexy y
pausadamente en busca de su nuevo amor.
Cada vez que algún
hombre guapo y adinerado la detenía, le preguntaban ¿cómo estas?
¿Tu eres la carolina?
Ella, con una sonrisa
seductora, contestaba: me siento una perla, como un maniquí.
Carolina a pesar de ser travesti, tenia atributos considerables que
le gustaban a todos sus clientes:
1.- Toleraba hombres, en real estado de ebriedad.
2.- Cobraba lo justo por hacerles compañía.
3.- No consumía drogas, pero tampoco le importaba que sus
acompañantes fumaran o inhalaran.
4.- Solía introducirse en propiedades ajenas, para ahorrarse el
motel.
5.- Era capaz de vender su verdad, a cambio de fama.
6.- No tenía representante, por lo tanto, carecía de protección.
7.- Si su cliente necesitaba una chica real, tenía una lista de
contactos, para satisfacerlo.
8.- Era ignorante, pero su grupo de amigas como la natalia, la belén,
la ingrid, la melissa, la daniela, la gloria y la silvia, le deban clases de actuación y
alguna que otra palabra dominguera para impresionar a sus conquistas.
Sentirse como una perla significa, sentirse bien y bella; esta claro,
que no importa la actividad que desempeñes, pero sí es fundamental
que te guste.
La belleza es solo una proyección de tu bienestar interior, si no te
llena lo que haces, cambia de giro y encuentra lo que mas te haga
vibrar, porque mas vale loca divertida, que normal y amargada!
El maniquí, es el molde de las medidas perfectas, los muñecos
de plástico que son utilizados para hacer notar el último grito
de la moda.
El junior después de tanto vagar, se destapó; ya no es gay de
closet, ahora esta feliz, tiene una relación abierta con un señor
galán. Sus papás son tan religiosos que quieren volver a
bautizarlo, para ver si le quitan lo mariquita!.
Por el poder de la imaginación, saludos a Iveth Tiznado.

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