Las salsas de la Camelia
Cásate con quien mas
dinero tenga! Es el consejo de doña Chabela ante la decisión
intrépida de la pequeña Liz.
La joven confundida y
eufórica contesta: “no me importa que sea taquero, lo amo! ¿lo
entiendes? y quiero casarme con él”.
Entonces la tía Lili
interviene para salvar la tradición familiar ante el bochorno de
los esquemas sociales, sugiere:
“conozco un viejo
millonario, que, con una dosis de brujería, podrías dominarlo y en
poco tiempo desaparecerlo; de esta manera serías una viuda rica,
joven y saldarías las deudas familiares”.
Liz se sienta por un
momento para analizar con profundidad sus deseos y simultáneamente
tomar la única decisión que cambiaría su vida para liberarse de la
presión familiar.
Mhmh.....
¿Tengo que hacer
brujería para lograr la felicidad y retener a mi ser amado?
¿Buscó pasión
desenfrenada con un poco de amor?
¿Quiero una relación
estable y duradera?
¿Si admito compromiso
requiero responsabilidad?
¿Una relación se basa
en momentos efímeros o permanentes?
¿Primero el dinero y
después viene el amor?
¿Si es temporal, tiene
la misma intensidad?
¿Si decido que sea
permanente, es infinito?
¿Atraerme físicamente o
vendo simplemente una imagen?
¿Rico, poderoso con un
ligero aire de sensibilidad?
¿Figura pública porque
busco reconocimiento social?
¿Aunque no seamos ricos,
pero seremos felices?
¿Me quedo con mi
taquero?
Mientras tanto, el
relleno taquero con ese vello abundante que lo distingue; entre los
tacos de asada y al pastor cantando alegremente “que no quede
huella que no, que no, que no quede huella” decide romper su
relación con la aturdida Liz; porque sin temor a equivocarse
reconoce que las salsas picantes de “la Camelia” -su ayudante-
son exquisitas, sin condimentos y las ventas han incrementado un 30%.

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