LA AGUDEZA DEL LOBO FEROZ!
Una
vez que Caperucita fue a dejar las galletas a casa de la abuela, se
dio cuenta que ya no eran tan exquisitas como en el primer cuento; el
lobo paso de largo y no estaba muy interesado por conocer el sabor,
ni la forma ni el olor.
El
lobo tenía otros planes, después de todas las versiones producidas
en cuentos y películas siempre resultaba ser el malo, ya era adulto;
sus cinco sentidos los tenía tan agudos, que a lo lejos podía
percibir si la presa era rentable para acercarse y no comérsela.
Efectivamente,
tenía unos ojos claros, intensos y profundos que le permitían
observar con objetividad su entorno; la agudeza de su olfato se había
desarrollado de tal manera que a lo lejos detectaba las intenciones
de su manada … marcaba territorio.
Desarrolló
el sentido del oído, solo escuchaba sonidos armoniosos que
equilibraban su temperamento -en el fondo era feroz-; sus garras las
había limado para no ser tan grotesco y su gusto por la carne había
reducido, porque ahora tenía colegas vegetarianos.
Su
valentía y coraje lo reafirmaba día a día, era momento de
emprender sus propios negocios; a través de sus aullidos expresaba
dominio, felicidad y relajación.
De
vez en cuando gruñía o ladraba cuando se sentía nervioso, su
sistema de respiración era tan audible que se hacia notar, para ser
respetado y reverenciado.
Siempre
estaba rodeado de lobas, hembras en busca de placer, fiesta y si se
podía, negocios.
Su
instinto constantemente lo orillaba a tomar decisiones en grupo;
aunque representaba gran parte de la población de lobos, había
tenido algunas equivocaciones de percepción que casi le cuestan, el
lugar privilegiado que tenía en su comunidad.
La
vulnerabilidad y algunas veces la agresividad de su comportamiento
reflejaban suspicacia y sumisión a través de su mirada.
Dejaron
de interesarle las Caperucitas rojas, ahora busca mamacitas!!! esas
de rojo....
Dedicado a Julio Tapia.
Dedicado a Julio Tapia.

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