O sea ¿cómo?



En la antigüedad pertenecer a una clase social elitista-clasista, era cuestión de abolengo, educación, modales, formación, grandes patrimonios, prejuicios sociales, la herencia de los apellidos y una inmensa riqueza que determinaba el punto de afinidad entre ellos.

Es increíble que en sociedades como la nuestra, la mexicana, aún las diferencias entre el tener y no, son abismales. Se han modificado algunos patrones de aceptación, considerando al rico nuevo -millonario sin importar el origen de su dinero-.

Las preguntas clásicas al conocer a alguien, giran alrededor de la superficie: ¿cuál de todos los autos estacionados es el tuyo? ¿cómo se apellida tu familia?, si estas en edad de trabajar, ¿que tipo de empleo tienes? Y si no es indiscreción, ¿tienes alguna propiedad?.

Por supuesto, hablar del mundo es esencial, estudiar, vivir o trabajar en el extranjero, automáticamente te coloca en otra posición, siempre y cuando, el poder adquisitivo sea comparativo a cualquiera de los integrantes.

Es curioso, las personas de escasos recursos económicos roban injustificadamente porque tienen ciertas limitaciones, la ignorancia, el dinero rápido, la mediocridad y la falta de oportunidades lo arrastran al camino equivocado.

Pero, que pasa con este grupo ¿clasista-elitista?, las vías de éxito son incontables; contactos, negocios propios, estudios de posgrado, influencias empresariales y políticas que facilitan llegar a la cúspide de forma inmediata. Además si tienen la posibilidad de jugar sucio para obtener ventaja, lo hacen sin remordimiento.

El Pirruris, el hijo de Papi!! publicó unas líneas en su blog NO SOY NACO:

Mi Papi, es un millonario y me compra todo lo que quiero, pero la neta, no tengo inteligencia! Soy desobligado y flojo. Estoy importando algunos inventos para activar las neuronas y no busquemos cerebros en la biblioteca de nuestras mansiones”.

¿Abuso o lógica? ...


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