El compromiso
En
una tertulia de mujeres cuarentonas; pueden imaginarse el
escenario... “solteronas”, solteras maduras, divorciadas, madres
solteras y una que otra viuda; entre el té, la copa y el café,
creaban una polémica para establecer la función de asumir un
compromiso -de cualquier tipo-.
Lo
primero que hicieron fue definirlo de forma literal: consiste
en tener un propósito preciso en lo que haces, ponerle atención y
corazón a ello; debe contar con capacidad y voluntad para aguantar
las dificultades. La palabra mágica es la acción.
¿Cuántos
tipos de compromiso existen?
1.-
Compromiso con tu pareja, estés o no casada.
2.-
Con tu trabajo, te guste o no.
3.-
Con tu familia, aunque no sea la ideal.
4.-
Y sobretodo, contigo mismo.
No
hablo de fidelidad ni de economía, sino de ese matiz que lleva
consigo una garantía de éxito; flotar en la desesperación,
inseguridad e impotencia, son indicadores de falta de compromiso.
¿Por
qué el hecho de estar comprometido (a), se asocia con comportamiento
condicionado?
a) Porque no estamos preparados para enfrentar un reto.
b) Porque quizás, podemos privarnos de la libertad.
c) Porque la invasión de la duda, nos hace preguntarnos ¿funcionará?
En
la edad de los 40´s se busca tranquilidad, estabilidad
económica-emocional, ajustes físicos, enmendar los errores,
corregir fallas de actitud y sobretodo permanecer en estado de
quietud.
De
alguna forma se toma en cuenta la fase de la pubertad; suele suceder
que en la etapa cuarentona, hay quienes lo disfrutan mucho más que
cuando fueron adolescentes. Lo importante en estos casos es mantener
la visión y la vitalidad, para tomar el riesgo de un compromiso,
previamente analizado y aprobado.
La
mujer maravilla, pasó los cuarentas, sus creadores están
haciendo una reestructuración para que su función principal sea dar
clases de desarrollo humano y desaparecer por completo los estados de amargura y frustración de mujeres poco felices.

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