E l E s P a N t A P a J a R o S (The scarecrow).



Obsesionado y con la mirada desquiciada, su fijación desbordaba los horizontes de una enfermedad psíquica poco convencional; en cada amanecer alimentaba la imagen de aquella mujer que le pertenecía.

Con ese rasgo cleptomano y la rapidez para colocar en sus manos “propiedades”, asimilaba de forma inmediata el uso y finalidad de ese hecho. No admitía equivocaciones, cada movimiento llevaba un avance para hacer realidad, “el vínculo de una relación que lo haría profundamente empresarial”.

Calculada la distancia, el tiempo y el flujo de actividades que realizaba durante el día la acosada; el espantapájaros se hacia responsable de eliminar a cada hombre que intentaba conquistarla, en un vaivén, desaparecían. No era valiente, pero tenía la lengua mas larga del universo.

Resultaba conveniente hacer llegar a oídos de los interesados, críticas destructivas y poco argumentadas para destruir cualquier lazo afectivo.

Podría inventar enfermedades incurables, vicios extremos, cierta tendencia por la homosexualidad, dudosos ingresos, actividades nocturnas intensas, fusiones laborales de lavado de dinero o sencillamente corría el rumor que era casada y tenía hijos regados por todo el mundo.

Cumplía su objetivo, nadie se acercaba.

Aquel heroico hombre que ignoró toda la versión con todos menos contigo en segundos hizo pedazos su menú enmicado de prejuicios y complejos.

El espantapájaros la merodeaba como perro de calle marcando territorio y suplicando migajas de información para utilizarlas en sus asesorías (se hacía llamar ejecutivo).

Con su percepción errónea, contaminaba a sus seguidoras y cada una de ellas cobraban comisión por divulgar los hechos, ignorando su veracidad.

Una vez descubierto su plan maquiavélico, ni los animales callejeros admiten que se ensucien los terrenos con sus ligeras pisadas... ¿quién puede ser tan ingenuo, para creerse todo este absurdo?


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